Todo está pensado para que hables

No son tarjetas de vocabulario con una voz encima. Mantienes conversaciones, y todo lo demás —tu cuaderno, tus tablas de verbos, tus puntuaciones— sale de ahí.

Pruébalo gratis Primero la conversación — las tarjetas se escriben solas.

Lo que incluye

La barra de un café en Berlín, donde ocurre una de las conversaciones

Situaciones reales, no ejercicios

Pides el café, preguntas en la farmacia qué tomar, ves el apartamento, haces la entrevista, llamas para decir que estás enfermo. Cada una tiene algo que resolver, y quien tienes delante tiene su humor, su trabajo y ninguna obligación de ponértelo fácil.

Una esquina de San Juan, uno de los lugares donde puedes practicar

Gente que habla como el lugar de donde viene

Barcelona usa vosotros, Ciudad de México ustedes, Buenos Aires voseo. Osaka contesta en kansai, Tokio en estándar. En Quebec te tutean donde en París no. Aprendes la lengua que alguien habla de verdad, en un lugar concreto, no un promedio de todas partes.

Empieza donde estás

Una conversación corta te sitúa entre A1 y C1: sin examen, solo hablando. A partir de ahí todos te hablan a tu nivel: frases cortas y una pregunta cada vez al principio, espacio para explayarte después. Si te quedas callado, bajan el ritmo y te ofrecen una opción en vez de una pregunta abierta.

Una compañera que sabe dónde lo dejaste

Dile qué tienes ganas de hacer y te lleva. Recuerda dónde has estado, te pregunta cómo te fue y nota cosas que tú no ves, como una forma verbal que nunca usas.

Un cuaderno que se llena solo

Toca cualquier palabra que oigas y se guarda con su significado, ejemplos y audio. ¿La oíste por la calle? Búscala y guárdala también. Las palabras que ya has usado quedan marcadas como tuyas.

Tablas de verbos para practicar, no solo para mirar

Todos los tiempos, incluidos los compuestos. Toca una forma y la compañera abre una conversación breve cuyas respuestas necesitan justo esa forma: nadie aprendió a hablar leyendo una tabla.

Pronunciación evaluada sílaba a sílaba

No es aprobar o no aprobar: es qué sílaba falló y qué hacer con ella. Escúchate junto a un hablante nativo y trabaja los sonidos que se te resisten.

Un progreso que se entiende

Cada conversación se evalúa por lo que importa —si cumpliste la tarea, si te entendieron, si supiste recuperarte— y se dibuja en el tiempo, para que veas qué se está moviendo.

Un mapa de aquello de lo que de verdad sabes hablar

Veintiún ámbitos cotidianos —comida, salud, vivienda, trabajo, transporte, la compañía telefónica— y cada uno se llena con las palabras que realmente dominas, no con los lugares que has visitado. De un vistazo ves que te defenderías en la farmacia pero aún no en el banco, y a qué nivel has practicado cada uno.

Una calle de París, uno de los paseos guiados

Paseos guiados, cuando quieras cambiar

Un guía te lleva por un barrio real parada a parada —qué es ese edificio, quién vivió ahí, por qué importa— y tú vas comentando. La misma práctica con otra forma, para los días en que otro trámite no es lo que necesitas.

Lo que no es

Es práctica de conversación, no un curso. No hay clases de gramática y no sustituye hablar con personas reales: nada lo hace. Lo que te da es un lugar donde hacerlo mal a las dos de la mañana sin que a nadie le cambie la cara.

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